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Espiritismo en Barcelona: La Plaza Real

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Plaza
Tipo de lugar: Plaza
Dirección:
Número de textos: 1
3 stars
Realizado por Rutes científiques de Barcelona | Referencia Sesión espiritista con la famosa médium Eusapia Paladino en casa del conocido divulgador científico Camille Flammarion.

Introducción:
El espiritismo, entendido como la doctrina elaborada por Kardec, llegó a Barcelona en la década de los 1860s. Desde su llegada hasta la Guerra Civil Española, con la excepción de la dictadura de Primo de Rivera, el espiritismo se convierte en una doctrina muy popular sobre todo entre las clases trabajadoras, ya que se utiliza como alternativa a el imperante y aleccionador catolicismo. Se establecen en la ciudad cientos de centros espiritistas, se publican revistas y libros, se organizan actos de caridad… También se asocia con otros movimientos que luchan contra el orden establecido como el feminismo, la enseñanza laica o el naturismo. Por estas razones, el espiritismo se presenta como un instrumento para cambiar el orden social mediante el cambio del orden espiritual.

Contenido:
Todo comenzó en 1861 cuando el editor y librero francés Maurcie Lachârte, que vivía exiliado en Barcelona por haber publicado obras relacionadas con el socialismo utópico, llevó los libros de Kardec, que estaban siendo un éxito en Paris, a su librería del número 1 Plaza Real. Cuando Lachârte encargó una gran partida de libros y revistas espiritistas, el arzobispo de Barcelona, Antoni Palau y Termes decidió confiscarlos y abrir un proceso inquisitorial contra la doctrina espiritista. El 9 de septiembre de ese año, los libros fueron sentenciados a quemar en la hoguera en la Esplanada de la Ciutadella. Como si la condena de un reo se tratara, el acto estuvo rodeado de una gran solemnidad: mientras una multitud se acerca a presenciarlo, tres chicos sacan los más 300 volúmenes de unas cajas. Un sacerdote encapuchado con hábitos ceremoniales, una antorcha en una mano y una cruz en el otro, se acerca hacia el montón de libros. Un escribano apunta todo lo que sucede para redactar el posterior Auto de Fe. El sacerdote lee la sentencia y, una vez termina, dirige su antorcha hacia el montón de libros. Poco a poco, el murmullo va creciendo entre el público. ¿Por qué se quemaban esos libros? ¿Qué decían? ¿De qué tenía tanto miedo la Iglesia? Al final del acto, fue de un pelo que todo ello no se transforma en una bullanga anticlerical. Probablemente, la Iglesia logró el efecto contrario al deseado ya raíz de áquel Auto de Fe: la popularidad del espiritismo en Barcelona no hizo más que crecer. Dice la leyenda que el obispo Palau, que murió el año siguiente, se apareció a un grupo de espiritistas barceloneses pidiendo perdón por su acción y asegurando que el espacio donde se havian quemado los libros, la Ciudadela, pronto se convertirá en unos bonitos jardines, como efectivamente ocurrió años más tarde. En este momento es clave la figura del notario José María Fernández de Colavida que se convertiría en el primer traductor de las obras de Kardec al castellano.

Más información:
Gerard Horta (2001). De la mística en las barricadas: Introducció a l’Espiritisme Català del segle XIX dins el context ocultista europeu. Edicions Proa, Barcelona.

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