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"El Poble Espanyol", el Estadio y lo que la Exposición quiso ocultar

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Tipo de lugar: Punto de interés
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Realizado por Rutes científiques de Barcelona | Referencia Las barracas de Can Valero en los años 60 con el Palacio Nacional en el fondo.

Introducción:
Un solo pueblo que sintetizaba la arquitectura tradicional española, junto con un Estadio imponente, eran piezas fundamentales de la Exposición de 1929, que tenía como secciones capitales el arte español y los deportes. Estos espacios grandilocuentes nos servirán para hablar de una historia silenciada de Montjuïc, la de los barrios enteros de trabajadores que malvivían en chabolas autoconstruídas.

Contenido:
El Pueblo Español es una idea original de Puig i Cadafalch que pretende reproducir hasta 600 edificios de arquitectura tradicional de las diferentes partes de España y que llevan a cabo los arquitectos Francesc Folguera y Ramón Reventós, con la ayuda del crítico de arte Miquel Utrillo y del pintor Xavier Nogués, que viajaron por la Península escogiendo los edificios. Inicialmente debía tener el nombre de Iberona pero finalmente se puso el de Pueblo Español, convirtiéndose en una de las atracciones de más éxito durante la Exposición, tanto que se salvó una vez terminada la Exposición, cuando la idea inicial era derruirlo. En el espacio que actualmente ocupa el parking del Pueblo Español estaba el Palacio de la Química, obra de Antoni Sardà y dedicado a la exposición de todo tipo de productos químicos tanto nacionales como internacionales. Este Palacio acoció los Estudios Cinematogràficos Orphea, que rodaron el primer film hablado en catalan: “El Cafè de la Marina” (Domingo Pruna, 1933). Más tarde, un incendio arrassó los estudios dejando un solar que actualmente aprovechan los autobuses que van al Pueblo Espanyol. Más allà de los turistas, el Pueblo Español tiene también un pasado más oscuro cuando sirvió de campo de prisioneros durante la Guerra Civil Española. Y es que la transformación de Montjuïc para la Exposición y el posterior uso de la montaña tiene también su lado oscuro que, hasta hace poco, ha quedado escondido por la Historia. Ya desde finales del siglo XIX, con la construcción del Ensanche y la Exposición Universal de 1888, muchos trabajadores venidos de otras partes de Cataluña y del Estado comenzaron a vivir en barracas en Montjuïc, donde estaban las canteras de extracción de piedras para estas construcciones. Hacia 1914 se contaban hasta 5.000 barracas sólo en Montjuïc, donde habían crecido barrios enteros. La urbanización consecuencia de la Exposición de 1929 acabó con algunas de estas barracas, pero otros quedaron escondidas tras muros que impedían al distinguido visitante extranjero de ver las condiciones reales de vida de los trabajadores. Después de la Exposición este fenómeno no sólo no se terminó sino que se agravó, sobre todo con las penurias de la post-Guerra Civil. Algunos de los Pabellones y edificios de la Exposición se convirtieron improvisadas viviendas de personas que intentaban sobrevivir en la ciudad. Un buen ejemplo fue el Estadio, construido como pieza clave de la sección de deportes de la Exposición, fue el segundo más grande de Europa en su momento, acogió a los refugiados llegados de otras partes de España durante la Guerra Civil, y a un gran número de barracas posteriormente, de las que se está empezando a recuperar una memoria perdida.

Más información:
Página web: www.barraques.cat.

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